Foto: Santiago Arcos captura realidades, sufre y revive con cada fotografía

Existen realidades de fuego, de dolor, de soledad, de sueño, de sangre… Realidades lejanas, pero envolventes. Realidades que por más que se ven, no se conocen. Realidades tristes, otras más alegres. Realidades que para captarlas, hace falta jugarse la vida, y realidades que te dan la vida cuando las captas. Santiago Arcos empezó a capturar realidades con su primera cámara de fotos, cuando tenía solo once años, aunque todas ellas (comprendidas en dos rollos de película) se perdieran en un taxi que conducía entre las calles de alguna de las Islas Galápagos.

“Casi siempre estamos fotografiando cosas terribles y es difícil no sufrir con la gente que se abre a ti”

Años más tarde, viajando con el colegio, redescubrió que le gustaba fotografiar, gracias a practicar con las cámaras digitales de sus compañeros. Siguendo la teoría de que las coincidencias no existen, justo en la semana de su vuelta vio una serie de documentales llamada Maestros de la fotografía y sin pensárselo dos veces decidió que se iba a dedicar a eso. También le influyó el gusto por los animales que ha heredado de sus padres, ambos biólogos. “He estado siempre suscrito a National Geographic y disfrutaba muchísimo viendo esas fotos”, cuenta Santiago. Pero más allá de los documentales, lo que impulsó a Santiago a hacer de la fotografía su profesión fue todo lo que esta le podía prometer. “Más allá de hacer fotos chéveres, hay un estilo de vida”, dice Santiago. En el trabajo de fotógrafo “se sufre por todo, casi siempre estamos fotografiando cosas terribles y es difícil no sufrir con la gente que se abre a ti, además de sufrir por el sol y los pies que duelen de tanto caminar”, explica Santiago.

“Hay algo en eso de estar en riesgo que es revividor”

Incendios en Quito - Foto por: Santiago Arcos

Incendios en Quito – Foto por: Santiago Arcos

Santiago fue uno de los que cubrió los incendios de Quito. Cuenta que se desmayó dos veces por el humo y que sus zapatos estuvieron al borde de derretirse. Sin embargo, cuando hoy recuerda la experiencia no hay tristeza de por medio. Según Santiago, “hay algo en eso de estar en riesgo que es revividor”. Por aquella época, vivía una situación sentimantal complicada y buscaba algo que le ocupara la mente. “En un principio fue un escape”, explica Santiago. Obviamente, cuando después vio cómo quedaban los bosques, el asunto cobró un tono más serio. Después de la temporada de incendios, Santiago cayó enfermo a causa de tragar tanto humo y, paradójicamente, gracias a ello consiguió solucionar los problemas de los que había querido alejarse: “lo que fue un escape, se convirtió al final en el hilo que te haría volver a aquello de lo que escapabas”, cuenta Santiago entre risas. El mes pasado, Santiago volvió a Quito, y para él fue maravilloso poder ver los cerros ya verdes de nuevo.

Incendios Quito - Foto por: Santiago Arcos

Incendios en Quito – Foto por: Santiago Arcos

Aunque comenzó con dieciocho años haciendo macros de bichos, y a día de hoy sigue disfrutando muchísimo, la fotofrafía documental es realmente lo suyo. “Ahora estoy trabajando sobre ideas en lugar de situaciones”, comenta. Aún así ambas cosas van ligadas, “hace poco conversando con amigos me hiceron darme cuenta de que todos mis proyectos tocan temas ambientales de alguna forma, inconscientemente he trabajado así por mis padres”.

Uno de sus proyectos, espectacular (hay que decir), es La Cienega. Llegó a él de casualidad, una mañana mientras escuchaba la radio, “oí que había un corto sobre este pueblo, logré escuchar poco, solo que se llamaba La Cienega y que no tenía niños”, relata Santiago. La historia permaneció en su memoria, pero por más que buscaba información no encontraba absolutamente nada. Un día, después de años, el que era su jefe, en un diario local, empezó a mostrarle sus antiguos trabajos publicados y entre ellos estaba La Cienega, a finales de los años ochenta, cuando todavía había niños y el pueblo era cazador de venados. Desgraciadamente su jefe tampoco se acordaba de dónde estaba el pueblo. “Logré hallar al conductor que llevó entonces a mi jefe al pueblo, que más o menos recordaba el camino”, dice Santiago. Un día ambos cogieron el coche y fueron. “Llegamos después de muchas horas de perdernos”, explica Santiago, “y así empezó, estuve solo un día, pero me interesó mucho, así que seguí yendo”.

La Cienega (Ecuador) - Foto por: Santiago Arcos

La Cienega (Ecuador) – Foto por: Santiago Arcos

Han pasado ya casi tres años desde la primera vez en la que Santiago pisó este pueblo desolado de 63 casas, de las cuales solo siete están habitadas, y todavía no ha dejado de ir. “El estar ahí no es triste al menos no para mí, la gente de allá se ha vuelto mi amiga y disfruto pasar tiempo con ellos, pero me imagino el silencio que debe de haber en mi ausencia”, cuenta Santiago. “Cuando me dedico solo a estar ahí, sin conversar, solo viendo, la gente no habla entre sí; ya no han de tener que decirse después de tanto tiempo” añade.

“Hay un peso sobre cada habitante, al saber que con su muerte muere todo lo que conocen ”

Habitante de La Cienega (Ecuador) - Foto de: Santiago Arcos

Habitante de La Cienega (Ecuador) – Foto de: Santiago Arcos

Es triste que La Cienega carezca de un hálito de juventud que la anime y que se trate de la única ciudad de Ecuador sin hijos, donde el habitante más joven tiene 63 años: “hay un peso sobre cada habitante, al saber que con su muerte muere todo lo que conocen”. Las primeras veces, fotografíar a personas tan cerradas en su mundo fue complicado para Santiago: “me preguntaban para qué eran las fotos y yo no tenía ni idea de qué responderles, porque en realidad no sabía ni yo para qué eran”. Poco a poco, en cambio, Santiago fue ganándose la confianza de los vecinos de la Cienega, “ahora ya me reciben como a uno de ellos”, cuenta. No obstante, este fotógrafo no pretende captar la personalidad de una persona, como nos dice que hace su amigo Alejo Reinoso, o los problemas de una sociedad, como hace este otro, él busca mostrar el pueblo en sí, no tanto a su gente.

La Cienega (Ecuador) - Foto por: Santiago Arcos

La Cienega (Ecuador) – Foto por: Santiago Arcos

Otro de sus proyectos es el de los Los Bloques, que a diferencia de La Cienega, destinada a convertirse en un desierto, se trata de un lugar tremendamente vivo.  En pleno centro de Guayaquil, la ciudad natal de Santiago, dos enormes bloques de apartamentos fueron construidos hace años por la Seguridad Social para sus socios. Hace una década todos los inquilinos fueron desalojados porque se pretendía demoler dichos edificios para construir aparcamientos. Sin embargo, nunca lo hicieron y estos apartamentos empezaron a ocuparse poco a poco: “la gente empezó a entrar, pusieron chapa en la puerta y los reclamaron como suyos”. Actualmente las personas que viven ahí no pagan absolutamente nada. Según Santiago “el ciudadano común ve ese lugar con miedo, dicen cosas terribles de él, pero yo estuve varios días y no vi nada malo”.

Los Bloques - Foto por: Santiago Arcos

Los Bloques – Foto por: Santiago Arcos

Los Bloques - Foto por: Santiago Arcos

Los Bloques – Foto por: Santiago Arcos

Los Bloques - Foto por: Santiago Arcos

Los Bloques – Foto por: Santiago Arcos

Además de estos trabajos, las situaciones y los objetos que retrata Santiago son variopintos. Desde un parto, hasta una procesión pueden verse en su Flickr. Dar un paseo por sus fotos deja, aunque sea de lejos, acercarse un poquito más a otras realidades probablemente desconocidas, pero que desde luego ponen la piel de gallina.

Parto - Foto por Santiago Arcos

Parto – Foto por: Santiago Arcos

Entrada por: Nerea Crespo

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Un Comentario

  1. Susana Veintimilla

    Que bueno es encontrar profesionales como Santiago Arcos, que han desarrollado esa sensibilidad para solidarizarse con lo que les pasa a nuestros semejantes y a nuestro medio ambiente, para que a través de sus fotografías puedan ser reconocidos por los organismos llamados a preocuparse por ellos. Adelante Santiago, el Ecuador necesita personas como vos!!

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