De par en par, una obra con olor a mujer

El teatro envuelve de rojo a todo aquel que atraviese el umbral que suele dividir el mundo real de la ilusión al menos durante hora y media. Un telón abierto y sobre el escenario un pianista tocando en un bar. El ambiente previo al inicio hace que se le olvide a uno que está en el Fígaro y, entre el murmullo y la música de fondo, dan ganas, casi, de pedirse un whisky. Tras unos minutos la luz se atenúa y comienza De par en par.

El principio de la obra huele a mujer, a perfume maduro y elegante. Este se presenta con una viuda, en el día de su cumpleaños, hablando en soledad con su difunto marido. Reproches a un muerto, que recuerdan vagamente a Cinco horas con Mario. No tardan en incorporarse cuatro mujeres más al escenario, las tres hijas y la sobrina. Velatorio y festejo se funden para mostrar a una familia con envidias y roces internos que para seguir unida ha de agarrarse al único eslabón visible, la madre. Poco después aparece el conflicto en forma de personaje. La peculiar Mamen da un giro al problema principal y su desparpajo, a través de pequeñas pinceladas, va llenando la obra de color.

Los diálogos van dejando entrever los conflictos internos de los familiares, cuya máxima expresión se da en los monólogos que efectúa cada uno de ellos. En estas conversaciones con la cuarta pared, las personalidades de desnudan y emergen las carencias, hasta el momento ocultas, para hacérselas visibles al espectador. Después de los soliloquios, es inevitable no ver a los personajes con otros ojos, más humanos.

A diferencia de estas confesiones privadas, que dan fuerza a la obra, los momentos musicales hacen, paradójicamente, que se pierda el ritmo. Parecen piezas metidas con calzador y no aportan nada al desarrollo de la trama ni a la construcción de los personajes. No obstante, a medida que se cierran estos breves paréntesis la historia vuelve a rodear al público.

De par en par / FOTO: Smedia

Sexo y celebraciones de vida y muerte en De par en par / FOTO: Smedia

Con respecto al elenco, chapó. A Julia Trujillo se le ven las tablas desde su primera aparición hasta la última y provoca alguna que otra carcajada gracias a su gran bis cómica. Ana Ruíz va dando forma a Sara a medida que pasan los minutos y consigue que el auditorio acabe sintiendo una extraña mezcla entre ternura y rechazo. La interpretación de Cuca Escribano encuentra su punto álgido en el monólogo, a partir del cual se dibuja a Maripaz haciéndola más creíble. Ileanna Simancas quizás tenga el personaje más plano, pero queda perfectamente defendido. Esperanza Elipe deja ver su talento actoral y da energía a la función . Y por último David Fernández Fabu, sin duda un descubrimiento fantástico. Una interpretación digna de admirar, que sostiene De par en par.

Quizás el guión resulte algo artificial al haberse construido sobre personajes tan estereotipados y acudir, en ciertas ocasiones, a un humor fácil y tópico. Sin embargo, contiene también momentos cómicos muy loables y los actores potencian la idea convirtiéndola en un buen rato de risas y entretenimiento.

La funcion finaliza y uno sale habiéndose divertido y con un fuerte olor a mujer.

Entrada por: Nerea Crespo

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